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HISTORIAS DE MIEDO,TERROR..
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Nele
Maestr@
De profesion Forer@
Nele

Registrado: 29 Ago 2008
Mensajes: 6337

MensajePublicado: 17 Marzo 2010 18:23:16    Título del mensaje: HISTORIAS DE MIEDO,TERROR.. Responder citando

Diego, un joven de 25 años, vivía una vida despreocupada y totalmente egoísta, mas que libertad, lo había convertido en libertinaje. Parecía no tener ningún propósito en la vida mas que asistir a cuanta fiesta y discoteca fuera posible. El dinero no le era problema, tenia lo suficiente como para vivir esta y otras dos vidas mas, era uno de los herederos de la fortuna de su tío abuelo Bruno Barrios, la cual incluía una hermosa casa apodada Casa Barrios y una vieja fabrica que aun producía mucho dinero, pero el dinero producto de la venta de su parte de la fabrica le interesaba mas. Esto ultimo, sumado al dinero heredado, era una verdadera fortuna.
Diego era un tipo vanidoso, individualista y mezquino, no hacia nada que no fuere para propio beneficio. Su porte superficial y egoísta le atraía a personas similares a quienes el apenas podía llamar sus “amigos”. Siempre estuvo rodeado de gente, pero en realidad, desde que se separo de sus padres, siempre había estado solo. El objetivo de cada fiesta era tener una conquista nueva, Diego elegía siempre una mujer atractiva, pues a decir verdad el también lo era, se pasaba la noche entera seduciendo mujeres alardeando de sus riquezas y buen físico, prometiéndoles este mundo y el otro. La mayoría de veces funcionaba, y terminaba la noche en su apartamento o algún lujoso hotel cercano compartiendo la cama con su nueva conquista. A diego le gustaba tomar fotografías durante la noche, las guardaba como un trofeo. Pero siempre, al amanecer, la actitud de Diego hacia sus doncellas cambiaba drásticamente y las desechaba como a un trapo sucio. En su mente una mujer era solo eso, objetos que están a su disposición para usarlas cada vez que a él se le antoje. Había vivido así durante algunos años y no tenia la mínima intención de cambiar ese estilo de vida.
Una noche, se encontraba celebrando juntos con sus amigos su cumpleaños numero 26, como era habitual, se encontraba con sus plásticos amigos en una estruendosa fiesta, cualquier excusa era suficiente como para armar escándalo como aquel, para Diego, no era nada nuevo. Pero esa noche, lejos de su cotidiana jovialidad y despreocupación por la vida, se le notaba pensativo, casi ido, parecía no disfrutar la noche como siempre lo hacia. Sus amigos ni siquiera lo notaron, y mientras se encontraba cavilando con la mirada perdida en el espacio, una chica se le acerco y le susurró al oído: “sopla las velas y pide un deseo”; Diego, sin ver atrás, se levanto de la silla donde se encontraba, soplo las velas y en su mente, pidió su deseo: juventud eterna. Hecho esto, sus amigos comenzaron en un frenesí fiestero, cada uno ocupándose de lo propio. El licor fluía por montones, el humo de los cigarrillos enturbiaba el aire que se encontraba ya denso por la bulliciosa noche. Todos habían dejado de lado al festejado, cada uno ocupado en buscar la conquista de la noche.
Diego se encontraba solo, y por primera vez parecía estar meditando sobre su futuro, dirigió la mirada hacia la pista de baile, y ahí, en medio de la multitud danzante, se encontraba una bella mujer simplemente inmóvil, que lo observaba fijamente con una mirada coqueta; pero él se mostro indiferente y casi desinteresado, bajo su mirada al piso por un momento y cuando la levanto nuevamente, se sorprendió al ver aquella hermosa joven parada justo frente a él. Había atravesado la pista de baile y la multitud que no cesaba de moverse, todo en solo un instante; pero el asombro duro poco, pues la belleza de la joven era cautivante, era tan bella como misteriosa, su cuerpo era escultural, morena de pelo castaño rizado, ojos verdes y ropa tan provocativa que no dejaba mucho a la imaginación. Parecía ser una modelo de revista, simplemente era la mujer mas hermosa que Diego alguna vez vio. Ella se le acerco y se sentó a su lado, poco tiempo paso antes que la conversación amistosa e inocente, se volviera un juego de seducción y coqueteos. Era algo extraño, pues siempre el seductor era él. Como era de esperarse, aquella noche terminaría en un derroche de sexo y lujuria, tanto o mas a las que Diego acostumbraba.
Si bien la noche había acontecido de maravilla, la mañana siguiente algo era diferente. Diego se encontraba solo en la cama, su misteriosa y bella acompañante ya no estaba a su lado, esta vez, él había sido el objeto utilizado y desechado. Intrigado y aturdido por un fuerte dolor de cabeza producto de la noche anterior, se levanto de la cama en busca de la hermosa joven, de la cual no conocía ni su nombre. Tras una corta e infructífera búsqueda, se dirigió al baño para asearse, y fue ahí donde encontró el mensaje que cambiaria su vida completamente. En el espejo del baño, escrito con lápiz labial color rojo escarlata, el mensaje decía: “Bienvenido al mundo del SIDA. Bienvenido al Infierno. Si quieres una segunda oportunidad, llama a mi padre 2999 – 1666”. Diego se quedo incrédulo ante aquel siniestro mensaje, no podría creerlo, será una de esas historias que solo le suceden al amigo de un amigo y que todos saben que nunca son ciertas. Pero para él, esa era su nueva verdad. Ese mismo día se hizo analizar de VIH, el análisis dio negativo. Diego respiro con alivio, estaba convencido que aquello había sido una muy pesada broma de mal gusto, cometida quizá, por alguno de sus amigos. No le dio mayor importancia a aquel acontecimiento, lo cual después de algunas semanas paso a formar parte del olvido.
Más de un año había pasado, y Diego se encontraba ingresado en un hospital debido a una simple gripe que se había vuelto una seria neumonía. Entre los análisis que le hacían estaba también el de VIH; para asegurarse de los resultados, los habían hecho tres veces; en las tres, el resultado era siempre el mismo: positivo. Diego se sentía destrozado completamente, su mundo tal y como el lo conocía se le venia abajo, recordó con ira aquella joven, la causante de su sufrimiento, la maldijo una y otra vez, le costaba trabajo creer que le estaba sucediendo a él, iba a morir.
Solo, postrado en la cama de aquel lánguido hospital, en medio de tantos lamentos y maldiciones, recordó aquel numero, ¿Cómo podría tener una segunda oportunidad al llamar al padre de aquella joven?, ¿Cómo?; no lo sabia, pero no tenia nada que perder al intentarlo. Saco su teléfono y comenzó a llamar a aquel numero… no sabia que esperar, pero al menos quería saber quien era la causante de su desgracia. Una voz grave, casi inhumana contesto del otro lado de la línea:
Hola Diego, he estado esperando tu llamada, se que quieres una segunda oportunidad.
Pero, quien es usted? Como sabe que soy yo quien le esta llamando?
Yo lo se todo, yo soy tu verdadero salvador, puedo ofrecerte lo que tu desees, solo tienes que pedírmelo
No me vengas con eso por favor, no estoy para bromas, así que si no tienes nada mejor que decirme entonces…
Muy bien Diego, entonces te veré en tus sueños…

La llamada se corto en ese momento. Diego intento llamar nuevamente pero la línea siempre aparecía ocupada. No le presto mayor importancia al asunto y dejo el teléfono de lado. A medida que la noche se acentuaba, el sueño también lo hacia, no paso mucho tiempo antes que él se quedara dormido, era un sueño tan profundo, casi como una posesión, parecía que su mente se liberaba de su cuerpo y se comenzó a elevar…
Aquello mas que un sueño parecía ser una visión, el enigmático personaje del otro lado del teléfono estaba cumpliendo su promesa a cabalidad, ahora estaba visitando a Diego dentro de sus sueños. Ambos se encontraban en un vacio total, Diego se sentía muy lucido, sabia que no era solo un sueño, y aquel personaje se encontraba justo frente a él. Pero a pesar de la cercanía era imposible vislumbrar rasgo alguno. El ente se encontraba rodeado por una densa niebla oscura que solo dejaba entre ver una sombría silueta. Aquella sepulcral voz no se hizo esperar:
Estoy aquí, como te lo prometí – dijo aquel extraño e inquietante ser –
¿Qué quieres de mi? ¿Por qué estoy pasando todo esto?
Quiero darte la oportunidad de tu vida, puedo concederte todo lo que desees, solo tienes que pedírmelo.
¿Todo? ¿cualquier cosa? – pregunto Diego asombrado ¿Dónde esta la trampa? ¿Qué es lo que tengo que darte a cambio? ¿acaso deseas mi alma?
Son muchas preguntas, pero todo depende de lo que desees y de la cantidad de tus deseos, cuanto mas me pidas, mayor será el precio – dijo aquella fantasmal figura casi escondiendo una sonrisa.

Diego pensó en la propuesta hecha por un momento, ya había escuchado anteriormente sobre quienes hacen un pacto y al final terminan perdiendo sus almas; no es que creyera en esas banalidades, pero la verdad no quería arriesgarse. Siempre se creyó ser alguien muy listo, así que quería salir más que beneficiado de esta situación. Lo medito por un momento, y luego negoció con su espectral acompañante:

Solo quiero tres deseos – Dijo con seguridad.
Dímelos y yo te diré el precio a pagar – Susurraba ansiosa aquella voz
Estas son mis peticiones:
1. Quiero tener vida eterna, no envejecer, ser bello y tener mi hermoso cuerpo de 25 años eternamente.
2. Deseo tener el suficiente dinero como para derrocharlo en lo que yo quiera, sin nunca tener la necesidad de trabajar ni tener que preocuparme por la procedencia o la falta de éste.
3. Deseo que nadie, sin excepción alguna, pueda ser dueño o dueña de mi alma, la cual me pertenecerá a mi solamente y a ningún otro ser que no sea yo, y eso te incluye a ti especialmente.
Estos son mis deseos, ahora dime tu precio.
Así que nunca podre tener tu alma?, Esta bien, son tres deseos y el precio que tendrás que pagar son tres almas, pero no almas cualquieras, quiero tres almas que hayan sido torturadas por ti hasta morir.
¿Quieres que yo torture a tres personas?
Que sean los tres que tu quieras, no me importa, y para facilitar tu tarea, tendrás salud y gozaras de mi impunidad, sin importar el crimen que cometas, nunca nadie te podrá culpar por ello. ¿tenemos un trato?
Trato – dijo Diego tras pensarlo un momento.
Aquella niebla comenzó a enturbiarse aun más y a moverse en forma arremolinada haciéndose mas grande, la voz en su interior resonaba con estrepito:
Tendrás exactamente 30 días de salud e impunidad, deberás cumplir tu cometido en ese lapso, luego de eso morirás, y si no has cumplido tu me pertenecerás eternamente.

Risas escalofriantes inundaban aquel lugar. Diego se alejaba flotando rápidamente hasta caer nuevamente en su propio cuerpo. En ese momento despertó sintiéndose mucho mejor, sabia que no había sido solo un sueño y ahora, sabia perfectamente lo que tenia que hacer.

Uno a uno los días pasaban lenta e inexorablemente. Diego no dejaba de pensar en cómo llevar a cabo su parte del trato. No es que temiera de la idea de torturar y matar a otra persona, al contrario, pues siempre le había intrigado tener semejante poder sobre alguien. El problema en sí era que la oportunidad no se presentaba, hasta que llegó aquella noche de viernes, una en la que su conquista habitual seria para mucho más que un momento placer carnal.
Sabía que sería difícil cumplir su objetivo en su apartamento, donde las paredes nunca eran tan gruesas como para acallar los ruidos y al estar rodeado de tantos vecinos entrometidos, su labro seria simplemente imposible. Pero oportunamente se recordó de aquella vieja propiedad, Casa Barrios, la herencia olvidada de su tío abuelo Bruno. Deshabitada desde hacía varios años, era visitada únicamente por la encargada del mantenimiento del lugar, visita que podía ser interrumpida fácilmente.
Diego no lo dudó y acudió con su víctima al lugar. Después de su habitual tributo de sexo, sometió a su víctima y la llevó al sótano, el cual, al ser tan profundo y aislado, se hacía casi a prueba de sonido, parecía estar hecho para este tipo de situaciones, simplemente era el lugar perfecto. Dejó a la chica ahí, atada fuertemente a una silla de pies y manos mientras planeaba su funesto destino. Diego daba vueltas y vueltas a su cabeza, los enérgicos gritos de aquella infeliz en suplicas de su liberación se escuchaban como música de fondo, no paso mucho tiempo para que Diego se hartara de esos chillantes alaridos. Se acercó a ella y sin ninguna muestra de emoción comenzó a golpearla repetidamente, casi a punto de hacerla desfallecer. Luego, cuando los golpes la habían dejado casi inmóvil, cosió su boca para asegurarse de no volver a escuchar aquellos ensordecedores alaridos nuevamente. Hecho esto, se percató de un par de tijeras podadoras que se encontraban en el lugar, era como si alguien las hubiera dejado ahí para él, una voz en su interior le dijo: “úsalas”, las tomó y sin titubear, comenzó a amputarle los dedos de las manos de la joven, los cortaba uno a uno, causándole un dolor insufrible, la chica desesperada, se olvido totalmente de los hilos que cosían su boca e intento gritar tan fuerte como pudo, pero al hacerlo, lo único que logro fue rasgarse los labios, logró abrir su boca pero el hilo no cedió, pero sus labios si lo hicieron.
Retazos de piel y tejido que antes eran sus carnosos labios, colgaban de su boca, de sus mutiladas manos fluía una enorme cantidad de sangre, se encontraba inmóvil, abrumada de tanto dolor. Luego, en un acto que no era más que maldad pura, Diego tomó un mechero de llama alta, y tras asegurar muy bien aquellos despojos de manos, comenzó a quemar hasta casi carbonizar una a una las diez heridas donde antes se hallaban sus dedos. La joven, con la boca y manos mutiladas, simplemente no era capaz de soportar aquel sufrimiento, su cuerpo intentaba apagarse perdiendo el conocimiento momentáneamente, recuperándolo solamente cuando Diego la golpeaba con el fin de hacerla reaccionar para que presenciara otro grotesco acto por parte de su captor: Diego tomo los diez dedos amputados, y comenzó a cocinarlos en aceite y especias en una pequeña cocina que estratégicamente se encontraba en el lugar, los cocino hasta freírlos en su totalidad. Los sirvió en un plato con sus respectivos aderezos y comenzó a comerlos, saboreándolos lentamente frente a la joven, los devoraba hasta los huesos, parecía en verdad disfrutar de aquel despreciable manjar.
Primero la había obligado a verlo comer, pero luego, al percatarse que es de mala educación el comer sin invitar a otro, le pidió que abriera la boca, pero al negarse la joven, le arrancó los trozos de labios que le colgaban y no conforme con eso, la golpeo hasta fracturarle algunos dientes, para luego obligarla a comerse sus propios dedos. La joven estaba a punto de sucumbir, le rogaba a su verdugo por su muerte, en cambio, Diego tomó nuevamente el mechero colocándolo entre las piernas de la joven, encendió la llama a potencia media arrancándole de inmediato insufribles alaridos de dolor, su piel se contraía a consecuencia del fuego, mostrando la carne al perfecto color rojo carmesí que se ennegrecía lentamente al calor de la llama, la grasa corporal que emergía no hacía más que avivar la llama llegando a quemar y carbonizar el área hasta que la sangre no fluía mas.
La garganta de la joven ya había excedido su límite, totalmente desgarrada solo abría la desfigurada boca sin poder ya emitir sonido alguno, mientras Diego seguía quemando pequeñas porciones de su cuerpo en un patrón arbitrario. No pasó más de una hora antes que ella dejara de moverse, al fin la muerte la acogía. Dieciséis horas de tortura habían pasado, Diego ni siquiera supo su nombre, realmente nunca le importó, lo único importante es que ya había cumplido con su primer objetivo, y en realidad, lo había disfrutado mucho más de lo que alguna vez se imaginó. Comenzó a cavar una fosa en el sótano para sepultar aquel cuerpo repugnante y desfigurado, ahora solo necesita dos almas más.
Dos días pasaron antes que el verdugo eligiera su próxima víctima. El procedimiento era el mismo, una bella joven era seducida nuevamente por el galán para la ritual noche de sexo y lujuria. Esta vez, Diego se tomo la molestia de conocer el nombre de su víctima. Ángela fue igualmente sometida como su antecesora, atada de manos y pies a la misma silla metálica, fue dejada encerrada en aquel nefasto sótano. Diego no tardo mucho en regresar, Ángela no dejaba de gritar angustiada en suplica de ayuda, a Diego le molestaban los gritos y para acallarlos, selló su boca con cinta aislante autoadhesiva. Uso un par de tijeras para cortarle la ropa y dejarla totalmente desnuda, luego, con un gotero, comenzó a verter lentamente gotas de ácido hidroclorhídrico, que es capaz de corroer el metal, vertía una gota en diferentes partes del cuerpo. La piel se derretía en efervescentes charcos de sangre y el ácido avanzaba lentamente hasta corroer la carne. El ácido era aplicado en las piernas, pechos, pezones, brazos, manos, abdomen e incluso en sus genitales. Los gritos enmudecidos por aquella cinta no se hacían esperar, el dolor y sufrimiento de la joven eran más que evidentes. Hecho esto, Diego la tomó por la cabeza y con un par de grapas, le clavó los parpados al cráneo haciéndole imposible el poder cerrar los ojos, esos bellos ojos azules. Tomó nuevamente el gotero lleno de ácido y sosteniéndole fuertemente la cabeza, le dejo caer un par de gotas en cada ojo. No hace falta decir que Ángela se retorcía de dolor; sus ojos comenzaron a derretirse al contacto con el ácido, aquel hermoso color azul desaparecía cuando un liquido blanquecino mezclado con sangre bajaban lentamente deslizándose por sus mejillas, espeso y viscoso al igual que baja la cera derretida al calor de la llama de la vela. Ángela comenzó a convulsionar, el dolor era demasiado abrumador para ella, las convulsiones se acompañaban de reflejos de regurgitación, pero a tener los labios sellados con la cinta adhesiva, el vomito no pudo salir y sus pulmones se llenaron de liquido. Ángela se ahogó en su propio vomito.
Al ver terminado su trabajo, Diego comenzó a cavar una segunda fosa en el sótano donde sepultaría a su nueva víctima. La tortura había durado tan solo ocho horas, acabo antes de lo pensado y se sintió de alguna manera frustrado al no tener más tiempo para hacer todo lo que hubiese querido. Ya había terminado con dos, ahora solamente le faltaba uno para cumplir su cuota.
Veintisiete días han pasado y la salud de Diego comienza a decaer, la neumonía va tomando fuerzas gradualmente, sabe que no dispone de mucho tiempo antes que su plazo se venza. No ha ido a su casa en semanas, ni siquiera salía de Casa Barrios, sabe que nadie lo busca, sus amigos a penas se dan cuenta de su desaparición sin darle mayor importancia, y su familia, pueden pasar meses sin tener contacto con ellos sin causarles la mínima preocupación. El está solo, lo sabe y siempre lo supo.
Esa mañana, a tres días de vencer su plazo estipulado, María, la encargada de la limpieza y mantenimiento de Casa Barrios, se hace presente para sus labores triviales. Ella no se percata de la presencia de Diego en la casa, hasta que este la sorprende por detrás golpeándole fuertemente la cabeza con un madero. María pierde el conocimiento y cae al suelo, ahora está a total disposición de Diego.
María es una mujer mucho más corpulenta que las jóvenes anteriores, por lo tanto a Diego le cuesta mucho más trabajo el maniobrar su cuerpo aun cuando este inconsciente. La despoja de toda vestimenta, pero al no poder bajar las escaleras del sótano cargándola, la lleva al jardín trasero. La sienta en el suelo de espaldas a un árbol, le ata las manos rodeando el tronco del mismo y ata también sus pies que quedan extendidos en el suelo; la amordaza fuertemente y se asegura que aunque despierte, no podrá emitir sonido alguno. Ya habiendo colocado a María en su lugar y tomando todas las precauciones pertinentes, la despierta al verterle un balde de agua hirviendo en todo el cuerpo. María se estremece y despierta con la piel profundamente enrojecida y como Diego lo había anticipado, al estar atada de espaldas al árbol y fuertemente amordazada, es incapaz de moverse o emitir algún sonido audible a más de un metro.
El estado físico de Diego era ya decadente, se veía muy limitado pues no podía realizar mayor esfuerzo físico. Tomó una navaja y comenzó a hacer pequeños cortes que no eran muy profundos en cada parte del cuerpo de María que a él se le antojara. La piel de María comenzaba a ampollarse debido a las quemaduras, el dolor de los cortes no eran nada en comparación al ardor de las llagas en todo el cuerpo. Diego observo su entorno y después de una corta búsqueda, fue a la cocina, de donde regresó con varias botellas, comenzó a verter litros y litros de miel de abeja sobre el cuerpo lacerado de María, hasta haber vaciado todas las botellas. Esto, hasta cierto grado, daba un alivio temporal al dolor de las quemaduras, pero lo maléfico de la obra era que la miel estaba atrayendo a un ejército de hormigas rojas. María se hallaba esclavizada junto a un enorme nido de hormigas, miles y miles de estas parecían hacer formaciones de batalla y desfilar hacia la miel vertida sobre el cuerpo de la mujer. Un ejército que lenta e implacablemente recogía su dulce botín, llenando a la vez de miles de dolorosas picaduras. El solo correteo de las hormigas sobre aquella piel tan irritada era ya insoportable. Las ampollas abiertas en la piel, facilitaban que la miel se introdujera en ellas, así como también lo hacía en aquellos cortes hechos anteriormente, esto provocaba a las hormigas a arrancar pequeños trozos de endulzada piel, trozos tan pequeños como la cabeza de un alfiler, pero tan dolorosos como arrancarse las uñas con los dientes.
Diego sabia que las hormigas poco a poco, terminarían con su trabajo y dejo a María a cargo de ellas. Abandono el lugar en busca de ayuda médica. Su tercer y última víctima estaba lista, aunque él realmente nunca la vio morir.
Él fue ingresado ese mismo día en el hospital local, la neumonía empeoraba a cada momento. Casi agonizante, recordó aquel numero 2999 – 1666, comenzó a llamar… nadie contestaba del otro lado. Se sentía estafado, él había cumplido con su parte del trato pero nadie más había cumplido con él. Los tres días pasaron y Diego perdió la batalla contra su enfermedad. Murió tal y como le habían vaticinado treinta días antes. Al morir, su alma comenzó el paseo por la sima. Después de su interminable descenso al foso se encontró con su negociador, aquel que le había ofrecido la inmortalidad y que a su juicio, no le había cumplido:
¿Qué estoy haciendo aquí? – Decía Diego con tono enfurecido – Yo debería estar vivo.
No te precipites, María tardó tres días en morir y al final murió justo unos momentos antes que tú, solo quería estar seguro que cumplirías con el plazo. Además, para tener un cuerpo joven y eterno primero debías deshacerte de ese enfermizo que poseías.
Yo he cumplido con mi parte, ahora cumple con la tuya y dame esos tres deseos
Admito que lo has hecho, has cumplido aquí están tus tres deseos:
1. Tu alma es libre ahora, no le pertenecerá a nadie más que a ti.
2. Tendrás todo el dinero que necesites de aquí a la eternidad, al despertar solo debes buscar en el bolsillo derecho de tu pantalón y ahí lo encontraras.
3. Tendrás también juventud y vida eterna, poseerás tu embellecido cuerpo de 25 años, saludable y fuerte, jamás morirás ni envejecerás. Pero has de esperar tres días para esto pues a nadie le es permitido levantarse de entre los muertos antes de esos tres días.

Diego se notaba complacido, sabía que estaba obteniendo lo que tanto anhelaba; todo ese esfuerzo al fin estaba dando frutos. Permaneció en el limbo durante tres días, y como le había sido prometido, al tercer día despertó. Diego moría de ansias por encontrarse con su nuevo futuro.
Lentamente sus ojos se abrieron. La oscuridad era total. Su cuerpo se hallaba entumecido debido a la falta de movimiento. Poco a poco iba recobrando la vida y poco a poco también el horror se acrecentaba al infinito. Se hallaba encerrado en un espacio reducido, apenas y había espacio para él. Palpando desesperado a su alrededor pudo darse cuenta que su temor se estaba volviendo realidad. Las paredes acolchonadas con algodón y lino le comprobaban su realidad, se encontraba dentro de su ataúd, sepultado a tres metros bajo tierra. Desgargantes gritos de pavor y auxilio comenzaban a emerger de aquel cuerpo antes inerte, gritos que eran apagados por las paredes del ataúd, semejantes alaridos eran solo comparables con aquellos que sus víctimas habían hecho antes. En un atisbo de esperanza, comenzó a revisar sus bolsillos en busca de un teléfono… no encontró nada. Pero en la bolsa derecha de su pantalón había algo: una moneda de un centavo, no era ninguna fortuna, pero seguramente nunca iba a necesitar más que eso estando ahí adentro. A medida que el tiempo pasaba, el aire enrarecía, el oxigeno se acababa lentamente, esa no era una preocupación pues sabía que no podía morir; pero sin embargo, al agotarse el aire comenzó a asfixiarse lentamente, la falta de oxigeno en sus pulmones le hacía retorcerse de angustia en busca de una bocanada de aire, se sofocaba, pero la muerte no llegaba ni llegaría jamás. Estaba confinado a una agonía eterna de la cual le era imposible escapar, se asfixiaría por la eternidad. Se encontraba totalmente solo, como en toda su vida había estado; pero no por mucho, pues con el tiempo, los gusanos que se moverían debajo de su piel, serian la compañía que nunca lo abandonaría.
Diego quería pasarse de listo y beneficiarse egoístamente de la situación como lo había hecho en toda su vida, intentó aprovecharse de alguien que fue más listo que él, y al final creó su propia perdición pues sus deseos, al ser tan egoístas, le habían condenado, él nunca se dio cuenta que al pedir un deseo que no fuese para sí mismo, se salvaría de todo sufrimiento.
Sus tres deseos estaban cumplidos:
1. Vida eterna, jamás moriría.
2. Todo el dinero que podría necesitar
3. Su alma jamás le pertenecería a Dios o Demonio alguno, solamente a él de aquí a la eternidad.

NÉMESIS
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MensajePublicado: 17 Marzo 2010 18:26:22    Título del mensaje: Responder citando

Era un día precioso. El cielo sobre nuestras cabezas era un mar en calma; el campo resplandecía de un verde luminoso. Paseábamos por un sendero de tierra, ella me rodeaba la cintura con su brazo. Susurró:

–Te quiero.

Yo la achuché un poco más contra mí. Después la miré a los ojos, que rebosaban ternura.

–Dicen los expertos que ni siquiera podemos conocernos a nosotros mismos ¿Cómo estás tan segura de que en verdad me quieres?

–¿Estás tonto, no? –y sus dientes rieron.

–Venga, en serio… ¿Por qué me quieres?

Se paró y me puso una mano en la mejilla, para acorralarme con su mirada azul.

–Porque lo que sé y veo en ti me sobra y me basta para quererte con toda mi alma. Presupongo que lo que jamás llegaré a conocer de ti será, al menos, la mitad de bueno que todo lo demás.

Y lo certificó besándome en los labios.

La tomé de la mano y seguimos caminando por el camino hacia mi casa.


Mucho presuponer ¿no creen?


Todas las anteriores respondieron de una forma similar a mi pregunta, pero esta última fue, tal vez, la más entrañable. Resulta evidente que todas se equivocaron.

En la frescura del sótano guardo sus ojos, cada par en una cajita de madera con sus respectivos nombres tallados sobre la tapa. A veces me pregunto qué verán ahora desde el otro lado.

Cuántas presunciones erróneas, cuántas ideas para transformar la realidad a nuestra conveniencia, para no verla tal y como es.

Por algo dicen que el amor es ciego.
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MensajePublicado: 17 Marzo 2010 23:26:20    Título del mensaje: Responder citando

Una noche en el panteon
Parecía una noche normal de halloween normal como todas, salimos a pedir calaverita, pedimos dulces por aquí y por allá cuando en eso pasamos por un panteón y le pedíamos calaveritas a todas las personas que estaban esa noche.
Cuando vimos al frente y llego una pequeña brisa , entonces fuimos a una parte que decía panteón privado de los Dylan , nos dio curiosidad y todo estaba oscureciendo en eso se empezaron a oír voces que venían de un cuarto del panteón , nos dio un poco de miedo pero nos animamos a entrar mientras más nos acercábamos mas se oía un llanto y otra voz que decía ayuda!! Auxilio!!!!
Al oírlo nos asustamos y salimos corriendo directo hacia la puerta pero en eso la puerta se cerró dejándonos adentro. Todo estaba oscuro pero por suerte encontramos una veladora, había muchas telarañas, caminamos, caminamos y caminamos parecía que ese cuarto no tenia fin, hasta que en una de esas no se porque nos caímos , mi hermana empezó a gritar y yo le pregunté que qué le pasaba, ella no respondió, parecía que no estaba con nosotras. En ese mismo instante sentí un escalofrió, no le tome ni la mayor importancia, pero al poco rato algo me mato del susto ya que volví a ver a mi hermana toda llena de sangre caminando hacia mi, yo alcance a oír que mientras caminaba decía 123 sal de la puerta del ropero que aquí tengo tus 3 deseos ……….. mi prima y yo nos asustamos tratamos de salir a como pudimos , desde ese entonces ya no volví a ver a mi hermana pero siempre al pasar por su cuarto se llega a oir su canto 123…….


Autor: lastres33
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MensajePublicado: 17 Marzo 2010 23:29:07    Título del mensaje: Responder citando

“era el año de 1785, hablando de la puebla antigua, eran las 3 de la mañana cuando doña Juliana Domínguez, esposa de don Anastasio Priego, familia acaudalada y dueños del mesón de Priego, comenzó con los dolores de parto y era necesario ir por la partera, doña Simonita. Corrió por su sombrero, capa y espada y pidió a la servidumbre que fueran preparando todo lo necesario para el alumbramiento mientras él regresaba con la partera. Era una noche lluviosa y tormentosa, motivo por el cual quisieron acompañarle sus ayudantes, además porque siempre las horas de madrugada han sido propicias para asaltos y asesinatos. don Anastasio no quiso la compañía de nadie y se dirigió solo hacia la parroquia de Analco, que en aquellos tiempos era panteón dirigiéndose hacia la calle de santo Tomás, hoy conocida como la 5 oriente. Por lo oscuro de la noche, iba alumbrándose con una lámpara de aceite cuando lo sorprendió un tipo que en forma enérgica y poco cortés desenvainó su espada y se la puso en el abdomen al señor Priego al mismo tiempo que le exigía el oro o la vida. Para esto, don Anastasio siempre se caracterizó por ser diestro en la esgrima, era tan hábil que pocos lo retaban, motivo por el cual dio un salto y sacando su espada con la rapidez de un relámpago, la hundió en el corazón del asaltante, quien inmediatamente cayó muerto. Con la prisa que tenía por llegar a donde estaba la partera se olvidó de lo ocurrido y llegó hasta el hogar de ésta para dirigirse a su casona, obviamente le platicó lo sucedido a doña Simonita. Pasaron por el puente de Ovando, evitando regresar por el mismo rumbo, cruzaron la plazuela de Analco y llegaron de nuevo al mesón. Llegaron justo a tiempo para recibir a un par de gemelos. Al terminar su trabajo, don Anastasio acompañó de nuevo a la partera; más que por cortesía, fue por regresar al lugar del crimen donde encontró el cadáver rodeado de curiosos que oraban por su alma.
A partir de ese momento, le empezaron a llamar el callejón del muerto, antiguo callejón de illescas ubicado entre la 3 y 5 oriente esquina con 12 sur. Se cuenta que desde ese momento comenzó a aparecerse el asaltante a todo aquel que pasaba a horas no apropiadas, motivo por el cual don Marcelino Yllescas, vecino del lugar, mandó a hacer misas en su honor.

Una tarde de agosto, en el atrio del templo de Analco llegó un hombre que abordó al sacerdote, al mismo tiempo que le tomó del brazo pidiéndole que lo confesara. Como el sacristán ya iba a cerrar la iglesia, el padre Panchito, como cariñosamente lo llamaban, le pidió que no lo hiciera porque iba a entrar al confesionario. El tiempo transcurría y el sacristán entró a la iglesia, pero ni el sacerdote ni el hombre se encontraban. Todos los días a las siete de la mañana el padre Panchito celebraba misa, pero en esta ocasión no acudió. El párroco y el sacristán acudieron a su casa y lo encontraron muy grave, enfermo de tifus, por lo que el párroco confesó al padre y en su confesión éste le dijo que había dado absolución a un hombre que tenía mucho tiempo de muerto y que como estaba penando, venía con permiso de Dios a buscar el perdón y el descanso eterno.

Al siguiente día, el padre Panchito murió por el impacto tan fuerte de haber hablado con un difunto y verlo desaparecer al otorgarle la absolución. Se terminó el penar de esa alma y al callejón sólo le quedó el nombre porque nunca más apareció el muerto”.
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MensajePublicado: 17 Marzo 2010 23:33:12    Título del mensaje: Responder citando

Estaba escrito que el fin del mundo, el Apocalipsis, llegaría por obra del hijo de Satán, el Anticristo. Satán, como ya había hecho en anteriores ocasiones a lo largo de la historia, viajó al mundo terrenal con apariencia humana. Como las otras veces, buscó una mujer joven y fuerte para que fuera la madre de su hijo. Tenía que ser una mujer casada, y que mantuviera relaciones con su marido periódicamente para no despertar sospechas. Se encaprichó de una joven rubia y atlética, muy atractiva. Entró en su casa y la poseyó practicando el sexo más salvaje y depravado que se pueda imaginar. Satán con su malvado poder hizo que su mente lo olvidara, y nueve meses después nació su hijo. Su nombre era Software. Este niño empezó a prepararse para su misión estudiando a sus hermanos de tiempos pasados: Atila, Gengis Khan, Hitler… Todos ellos fueron hijos de Satán que fallaron en su misión. Al igual que ellos se preparó para ser un gran líder y formar un poderoso imperio.

Creció observando a los humanos para conocer sus debilidades, haciéndose pasar por uno de ellos, ganándose su confianza. Viendo que todos sus hermanos fallaron a pesar de haber construido grandes imperios, decidió cambiar de táctica. Su imperio no debía ser militar. Se fijó en el posible potencial de la industria informática, y vio en ella su medio para dominar a los humanos. Utilizando su poder sobrenatural, empezó a apoderarse de diversos sectores de esta industria, y logró formar un poderoso imperio informático. Ya formado, el Imperio extendió sus malévolos tentáculos introduciéndose en todos los campos empresariales e industriales. En poco tiempo toda la economía mundial estaba bajo su poder. Ninguna empresa, ningún banco, nada podía funcionar sin los programas informáticos del Imperio. Incluso estaban bajo su dominio usuarios particulares en sus casas. El Imperio llegó a tener más adeptos que cualquier religión del mundo.

Como una secta destructiva, obligó a sus súbditos a pagar un tributo cada poco tiempo. Había que comprar actualizaciones de los programas continuamente, pues estos se quedaban obsoletos en cuestión de semanas. Todos los programas del Imperio fueron la droga más usada del mundo. Prácticamente todo el planeta estaba enganchado. Software en su trono se reía viendo como los pobres humanos intentaban inútilmente manejar sus productos. Pero estos fallaban inteligentemente, arruinando proyectos, trabajos, vidas. Todo el planeta sufría pero no podía hacer nada, eran adictos a las drogas informáticas del Imperio.

Pero esto no era suficiente, el broche final para llevar a cabo su plan fue el "Efecto 2000". Algunos profetas lo predijeron, y los humanos aterrados intentaron prepararse para ello durante meses, pero fue inútil. El 31 de diciembre de 1999 a las 00:00 h, cuando comenzó el año 2000, empezó también el Armaguedón. Todos los ordenadores fallaron, la industria y la economía se colapsó, la electricidad dejó de funcionar, los trenes descarrilaron, los aviones se estrellaron… Los misiles de todos los países se dispararon controlados por los ordenadores, destruyendo todas las fuerzas militares y policiales del mundo. El caos y la destrucción reinaron en la Tierra. La ley había sido eliminada, los humanos empezaron a pelearse por comida y ropa. Pero había desaparecido todo vestigio de humanidad en ellos. Ya no eran humanos, se comportaban como alimañas egoístas y enloquecidas, peleándose y matando por un trozo de pan. Software había triunfado.

Por fin un hijo de Satán se había apoderado del mundo. La risa de Satán resonaba ensordecedora en los confines del infierno. Dios observaba apenado como su creación se había destruido. Pero aquello no fue el fin del mundo, fue un nuevo origen. Satán mandaba ahora y Dios era el que debía actuar en las sombras. Se había producido un cambio de Dirección General, y aquello era solo el principio…
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MensajePublicado: 17 Marzo 2010 23:35:10    Título del mensaje: 1 Responder citando

Terror no! Pero miedo, si....
Despues de tomar 5 copas y tener delante una chica insinuante, con toda la intuición de que esa noche vas a triunfar,.....
¡Verdaderamente se pasa miedo!
Bye.
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Nele
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MensajePublicado: 17 Marzo 2010 23:37:00    Título del mensaje: Responder citando

Esta historia es muy corta. Cuando mi madre era adolescente trabajaba en algo (no recuerdo en que).
Un día llego tarde y la regañaron. Al charlar con su padre de eso dijo –Ah! Que se rompa un hueso!- Al siguiente día, el hombre, que era anciano, se cayó y se partió un hueso de la cadera. El padre le replico que no dijera esas cosas y mi mamá dijo –Ah! Ma si! Que le dé un ataque!- Al siguiente día, a el hombre le dio un ataque al corazón y murió. Mi mamá no se apartó de las posibilidades de que ella lo halla hecho al pedirlo, pero.. Ella es normal..
Ahora ya no dice esas cosas.. Intenten no bromear con eso.. No vaya a ser que les suceda lo mismo.
Les digo, El titulo no es muy ingenioso. Y siendo sincera, mi madre mato. Es una forma de decir. Nunca incumplió una ley, ni siquiera las de transito.
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MensajePublicado: 17 Marzo 2010 23:45:39    Título del mensaje: Responder citando

Nele escribió:
Ahora ya no dice esas cosas.. Intenten no bromear con eso.. No vaya a ser que les suceda lo mismo.
Y siendo sincera, mi madre mato. Es una forma de decir. Nunca incumplió una ley, ni siquiera las de transito.


Joer! No digo na!

Nele!, Y nunca deseó cosas buenas?.

Bye.

P.D.: Quitaaaa hierro! tomatelo como quieras,... pero quita hierrooo!
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MensajePublicado: 17 Marzo 2010 23:49:03    Título del mensaje: Responder citando

1mas escribió:
Nele escribió:
Ahora ya no dice esas cosas.. Intenten no bromear con eso.. No vaya a ser que les suceda lo mismo.
Y siendo sincera, mi madre mato. Es una forma de decir. Nunca incumplió una ley, ni siquiera las de transito.


Joer! No digo na!

Nele!, Y nunca deseó cosas buenas?.



Bye.

P.D.: Quitaaaa hierro! tomatelo como quieras,... pero quita hierrooo!



supongo q algo bueno haria...no sé..no la conozco,ni ganas q me dán conocerla...jejejjejejeje
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MensajePublicado: 18 Marzo 2010 00:05:46    Título del mensaje: Responder citando

Os contaré lo que pasó la primera vez que hice la ouija con mi prima. Fue la semana pasada, el día que me dieron las vacaciones. Por la mañana, cuando estaba preparando la maleta, me llamó mi prima, me dijo: -"Tráete un vaso pequeño"- yo le dije que para qué lo quería y me dijo: -Para hacer la ouija?- yo me quedé atónito y por lo menos cinco segundos sin contestar a causa del miedo que me causan los espíritus, y mucho más la ouija, pero como este mundo me fascinaba, acepté.

Sobre las siete de la tarde lo tenía todo listo y estaba preparado para irme, solo me faltaba el vaso. Cuando lo metí en la maleta oí una voz muy grave que me dijo. -TEN CUIDADO, me asusté y me quedé parado, en mi habitación, sin hacer ruido. Unos minutos más tarde, mi padre me llamó.

Durante todo el camino estuve pensando que pudo ser aquella voz, lo primero que se me ocurrió fue que quizás había sido un espíritu que intentaba decirme que algo malo iba a pasar, pero decidí ignorarlo.

Cuando llegué a casa de mi prima la miré muy serio, de la misma manera que ella me miró a mí. Cenamos y a la hora de acostarnos, cogí el vasito, y ella la tabla. Cuando todo estuvo preparado, el corazón me latía fuertemente contra el pecho y me temblaban las piernas.

Mi prima, al cambio, parecía excitada y muy contenta.

Me dijo que si yo quería ser el que preguntaba, yo no respondí. Le tocó a mi prima.

Dijo la primera pregunta: -¿Alguien quiere contactar con nosotros?- no hubo respuesta. Lo intentó otra vez. Nada. De nuevo. Esta vez, el vaso se movió rápidamente hacia SI. Mi prima y yo nos miramos con seriedad.

-¿Quién eres?- preguntó.

El vaso se movió a la misma velocidad que antes a las siguientes letras: ?E? ?L? ?D? ?I? ?A? ?B? ?L? ?O?. Yo grité y mi prima se rió -¿Estás aquí? ? ?SI?-dijo- ?O? ?S? ?V? ?E? ?O?entonces yo no quise seguir, intenté apartar el dedo pero no podía quitarlo, algo me obligaba a mantenerlo allí puesto. Mi prima preguntó- ¿Quieres algo de nosotros?- ?SI?- Mi prima dijo- ¿El qué?- ?V? ?U? ?E? ?S? ?T? ?R? ?A? ?V? ?I? ?D? ?A?. Entonces, el vaso volvió al centro y mi prima, asustada, preguntó cosas. Se había ido.

Por la noche, dormimos en la misma cama y abrazados, teníamos mucho miedo, entonces oímos: - NO TUVISTEIS CUIDADO- y vimos una cara horrible de humo rojo delante nuestra. Los dos gritamos, vinieron mis tíos, les explicamos lo sucedido y no nos creyeron. Entonces, nos dormimos, y al día siguiente vimos en el espejo escrito con sangre 666.

No podíamos creer lo que nos estaba pasando, el día siguiente dormimos en mi casa, y por la noche, vimos en el telediario que dos niños iguales que nosotros habían muerto con el número 666 grabado a fuego en la frente.

La policía dijo:- Encontramos algo escrito en el cristal en el que se encontraron los cadáveres: "Enviados de Dios para engañar a el Diablo".
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MensajePublicado: 18 Marzo 2010 00:09:30    Título del mensaje: Responder citando

Había una niña llamada Isabel que la apodaban chabely que solo molestaba porque estaba aburrida y preguntaba que vamos a hacer y lo repetía una y otra ves así que a ella su hermana y a su prima se les ocurrió hacer una historia de terror.
Cuando estaban comenzando la historia, empezó a oscurecerse el cielo y llego una tormenta. Se fue la luz, entonces ella que era muy miedosa empezó a llorar, entonces dentro de su profundo llanto de miedo vio una sombra con su linterna y paró de llorar con todo y su miedo pregunto: "¿quien anda ahí? " una voz ronca le respondió: "soy yo, ¿acaso no me reconoces??? soy tu muñeca preferida patty";
Con una voz de dulzura y a la vez tenebrosa, chabely volvió con su llanto pero esta vez con gritos de terror y entonces Patty con una mirada diabólica golpeo a chabely hasta dejarla inconsciente y la encerró en el baño cuando chabely despertó se dio cuenta de que la había encerrado y empezó a gritar ¡¡auxilio!! y le contesto patty: tengo malas noticias para ti nadie podrá ayudarte porque eh matado a toda tu familia, ¿ves lo que se siente al ser abandonada?, ahora tu morirás encerrada por toda la eternidad y yo vigilare, sonrió patty diabolicamente.
Fin¡¡¡
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MensajePublicado: 18 Marzo 2010 16:07:20    Título del mensaje: Responder citando

LA BOCINA

Escuchó un ruido, y sabía perfectamente que no habría nada de extraño ni sobrenatural en la casa. Pero aquella noche estaba especialmente susceptible. Todo a causa del susto que antes de entrar a su casa se llevase: un camión de basuras hizo tronar su bocina avisándolo de su descuido, el mismo que casi provoca su atropello junto a un contenedor. Una bocina que sonase demasiado alta había inquietado sus nervios, había crispado su sensibilidad, había estimulado su capacidad de alerta, al igual que la de fabular sin pretensión, sin sometimiento a la voluntad de no hacerlo. Entró al dormitorio y colgó el traje en la puerta del armario empotrado, entreabierta, vistiéndose luego con una bata de paño grueso. Quiso tranquilizarse, necesitaba hacerlo, serenar su espíritu inquieto y asustado; por ello se sentó en el borde de la cama, donde se dio cuenta de la ingente cantidad de imágenes que se sucedían en su imaginación disparatada: una mano que le tomase los tobillos por debajo de la cama, un susurro incomprensible junto a su oído, alguien desconocido oculto en el armario, una puerta que se abre en otra parte de la casa, la luz de la lámpara que dejase de funcionar sin motivo…
Tras encender todas las bombillas del dormitorio, conectó el transistor de la mesilla de noche, pensando que la voz del locutor que amablemente describía un producto cualquiera le facilitaría la desconexión con las visiones que no quería tener. No se atrevía a salir de aquella habitación, olvidó su creciente apetito y hasta sus deseos de sentir el agua de la ducha en su cuerpo cansado. Pero la voz del locutor podía ocultar otros sonidos que la advirtiesen de la presencia de a saber qué alimañas que podían estar acompañándola, sentadas junto a ella en la misma cama, mirándolas a la cara a tan sólo un palmo de su rostro, ahí presentes sin que fuese ella capaz de advertirlas, a unos centímetros de su rostro preocupado por sus disparatadas imaginaciones. Desconectó el transistor convencida de estar escuchando realmente una respiración agitada, inquieta, desesperada. Pese a que quiso y hasta lo forzó, no pudo reírse al ver que era la suya propia, su respiración frenética y desquiciada. Su carcajada sonó extraña, incomodada, absolutamente falsa en la soledad y el silencio del dormitorio. Se imaginó recorriendo la casa, registrándolo todo, buscando no sabía el qué, que de aparecer realmente de improviso la destrozaría de puro susto.
Decidió respirar profundamente para calmarse, y sus dedos rozaron un saliente de la colcha que confundió con otros dedos engarrotados, o con la boca abierta de un espectro maloliente, o de un desagradable cadáver descompuesto que la mirada sin ojos vivos. No supo porqué ahora se asustada de lo que jamás había temido: monstruos del más allá, muertos que andaban, fantasmas que sabía no existían. Por eso se puso en pie, y pese al terrible escalofrío que atravesó su nuca y recorrió impudoroso su espalda advirtiéndola de su decisión, salió al pasillo de la vivienda y llegó hasta el baño. Cerró la puerta tras de sí, y dedicó sabiamente unos minutos más, tensos y eternos, a tranquilizarse, sorprendida al observarse la expresión alarmada de su rostro reflejada en el pulcro espejo. Y así se sucedían las cosas de verdad: su imaginación despierta reflejaba hipotéticos mundos de terror en la superficie de un espejo mental, y ella observaba el material, y lo creía. Era por ello que debía obviar aquella situación sin sentido; quiso salir del baño, y sucedió que se quedó estática ante su puerta, petrificada por un instante imperecedero al descubrir apagada la luz del dormitorio. No estaba segura, pero tuvo que afirmarse en la creencia de ser ella la autora de la desconexión de la corriente eléctrica al salir del dormitorio. Respiró profundamente una vez más, y avanzó por el estrecho pasillo amarillento, adentrándose en la oscuridad que progresivamente la iba digiriendo, hasta rozar el marco, ahora áspero, de la pulida puerta del dormitorio, donde venciendo visiones fantasmagóricas y alarmantemente desenfrenadas, deslizó su mano derecha hacia el lugar del interruptor. La torpeza producida por la excitación la condujo a perderlo, a no hallarlo situado en el lugar habitual, un absurdo que se metamorfoseó inmediatamente en horror erizado, erosivo, explosivo: en la calle, el camión de basuras hizo gritar otra vez su pérfida bocina, cuyo sonido erupcionó exactamente como lo hizo el pavor en su cuerpo espantado; flaquearon sus rodillas, y entonces se doblaron para precipitarla asustada al suelo. Si había sentido el hormigueo del miedo, la caricia helada del desasosiego rugiente, aún le quedaba descubrir el golpe inolvidable del terror presentado en su esencia: sin duda, aun incluso reconociendo el tacto de la tela que sintió sobre sí, la imagen abrasiva que recreó su mente fue el atropello mortal que nunca se produciría al entrar en su casa, y así sintió el deslumbrante golpe contra la carrocería del vehículo, vio el destello de un poderoso faro delantero y hasta olió la goma del neumático desprendida de la forzada frenada, todo cuando el traje que colgara en la puerta del armario se desprendió sobre ella.
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MensajePublicado: 18 Marzo 2010 18:04:55    Título del mensaje: Responder citando

I

Tu alma se encontrará sola entre las cosas, Entre oscuros pensamientos de fúnebres losas... De todo el gentío, nadie en verdad Invadirá tu hora de intimidad.


II

No rompas el silencio de esa quietud Que no es exactamente soledad... Los espíritus de los muertos que en vida Conociste, ahora, en la muerte, volverán A rodearte, y su deseo por completo Te eclipsará: manténte quieto.


III

En la noche prístina pero severa Las estrellas, desde su celeste esfera, No irradiarán hacia estos arrabales Su luz de esperanza a los mortales... En cambio, sus órbitas rojizas Serán como una opaca y enfermiza Quemazón, una fiebre inclemente Que azotará tu fatiga eternamente.


IV

Ahora habrá ideas que ya no ahuyentarás Y visiones que nunca desvanecerse verás... Ya no pasarán por tu espíritu postrado Como gotas de rocío por un prado.


V

La brisa, aliento de Dios, se aquieta Y la bruma que cubre la silueta De la colina, sombría pero intacta, Es un símbolo y una señal exacta... Como flota los árboles frondosos: ¡He ahí un misterio prodigioso!



Edgar Allan Poe
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MensajePublicado: 18 Marzo 2010 18:05:55    Título del mensaje: Responder citando

En 1864 una familia comenzó a tener lo que se pensó que eran manifestaciones demoníacas. Hoy hubiera sido puesto en duda por científicos y seguido con interés por la iglesia pero en aquella época, que tuvo una duración de cinco largos años, la vida era distinta. Tal era el ambiente que en 1867 se autorizó que se realizara un contundente exorcismo con las consiguientes complicaciones. A los críos "poseídos" se les llamó los endemoniados de Illfurt (Alsacia)
Los dos crios protagonistas de esta historia eran hijos de los Burner, que tenían otros tres hijos. Los supuetos poseídos se llamaban Teobaldo y José, y apenas tenían 9 y 8 años respectivamente en 1864.
Teobaldo dijo ver al menos treinta veces a un espíritu al que consideraba su maestro, pero no era un ser físicamente humano, sino una imagen con patas de gato, pezuñas de caballo, pico de pato y cuerpo de plumas. Al parecer el fantasma sobrevolaba al chiquillo amenazándole con estrangularle, y el niño, tratando de defenderse, le lanzaba y luchaba contra él ante los ojos atónitos de los espectadores que sólo le veían a él. Lo que hizo creer a los demás que la visión era real aunque ellos no pudieran verla, es que el chiquillo capturaba plumas del cuerpo de su visitante que luego los espectadores veían, tocaban, olían (echaban una peste fétida) e incluso trataban de quemar sin éxito.
Las similitudes con otros exorcismos al menos calificados como tal fueron las siguientes: una voz hablaba desde ellos sin necesidad de que movieran su pequeña boca, una voz adulta, masculina, que soltaba improperios contra lo más sagrado (respetando únicamente a la Virgen), y se reía del efecto que sus poderes hacían sobre el personal, como inundar la habitación de un calor sofocante que era insoportable incluso en el más crudo invierno.
También producía en los cuerpecitos de los niños bultos terribles, con movimientos horrorosos haciendo de sus estómagos una visión traumática. Cuentan que se hinchaban hasta el límite y vomitaban espuma, musgo y plumas, cubriendo la habitación del olor fétido de las plumas sucias.
A veces unía las piernas de los chiquillos como si tuvieran cemento y nadie tenía la fuerza suficiente como para separarlas.
Tenían una rapidez nunca vista, y eran capaces de girarse en cuestión de segundos como si estuvieran accionados por un motor a propulsión, de forma que sus giros asustaban y sorprendían a la gente, y también demostraban momentos de rabia y enfado golpeando a destajo todo lo que había ante ellos, sin notar cansancio aunque se pasaran horas haciéndolo.
Los chiquillos hablaban y entendían todo tipo de lenguas, latín, inglés, francés, dialectos españoles... Además mostraban conocimiento de lo que pensaban los demás o descubrían dónde había objetos ocultos, o incluso se permitían el lujo de avisar de la muerte de alguien del pueblo con el consiguiente estupor de los familiares. También les hacían partícipes de acontecimientos pasados que todos desconocían. Para enojar a los espectadores solían descubrir sus más oscuros secretos poniéndolos en evidencia.
Los cuerpos poseídos reaccionaban ante el agua bendita con furor, y cuando la monja que les alimentaba dejaba caer un agota de agua bendita en sus platos desde otra habitación para no ser vista, los niños miraban el plato y se negaban a comer.
Además sus cuerpos, yacidos o sentados, se elevaban por manos invisibles.


Juan Sebastián Serrano Blanco
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MensajePublicado: 19 Marzo 2010 15:41:19    Título del mensaje: Responder citando

Hola,les voy a contar algo que mi padre me contó , pues les comento que mi Padre se dedica a la venta de servicios Funerales y es supervisor de un grupo que se dedica a lo mismo ,desde hace un rato



y comenta que un día le toco una Guardia en un panteón en Guadalupe, Mty, con algunos compañeros , y resulta que termino el turno de guardia , eran como las 11:45 y a mi papa le toco cerrar el Panteón y subir a los compañeros al camión , con una lista , para que nadie se perdiera , por que estaba retirado el panteón , era temporada muy buena para ellos , pero derrepente , pues lleno la lista de todos los que iban en ella , todos estaban dentro del camión , solo faltaba mi papa y un compañero , que fueron los que estaban cerrando el panteón , cuando derrepente mi padre pregunta si faltaba alguien por que vio una sombra adentro del panteón con el reflejo de la luna , y mi papa se asusto , como les digo afuera solo estaba Mi padre , el compañero y el velador , nadie mas , y Derrepente gritaron ,;¨Esperen no me dejen aquí¨, y Mi papa abrio el panteón de nuevo , el velador , el compañero y mi padre se metieron con Linternas , a verificar que nadie este ahí adentro , o algún visitante de algún muertito,
pero buscaron , buscaron y nada , y vuelven a gritar ¨esperen no me dejen aqui¨, y se lamentaban , mi padre comenzo la busqueda mas intensamente , entre todas las lapidas de los muertos , y no había nada ,

MI papa dijo que les estaban jugando una broma , y dio la orden de que se fueran , y se subieran al camión , pero cuando todos se fueron , pasaron por en frente del panteón , y habia como tres personas paradas dentro de el panteon frente a la reja de acero ,el Velador no se quiso quedar , y le dieron un aventon a su casa , pero dice mi Padre que son espiritus que no saben que han muerto y se quedan penando , por mucho tiempo , hasta que lo asimilan o nunca dejan de hacerlo´-


ADRIANA NAVA
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