toe__ De la familia


Registrado: 22 Feb 2011 Mensajes: 167
|
Publicado: 12 Marzo 2012 14:14:32 Título del mensaje: La Llorona, de Marcela Serrano |
|
|
Por esos días, un médico estaba siendo procesado por la justicia. Había
vendido por lo menos a siete recién nacidos en su hospital. Cargaba con siete muertes. (Un niño debe morir para disponer de sus órganos, yo nunca perdía eso de vista.) En las reuniones nos habíamos enterado de los procedimientos utilizados. Por lo tanto, ese médico era, ante nosotras, un demonio. Debo reconocerles que todavía yo dividía el mundo entre gente buena, muy buena,mala y muy mala.
Una tarde de invierno, casi de noche, mientras yo cocinaba una tarta, sonó el timbre en mi casa. Frente a mí, una señora muy elegante, de esas que usan perlas verdaderas a toda hora y que no llevan nada sintético en el cuerpo. Ante mi estupor, se presentó como la esposa de ese médico. Me estoy volviendo loca, me dijo. Por eso quería hablar conmigo. Aunque fuera tan distinguida, no pensaba yo perder el trabajo de la tarta y la senté a la mesa de la cocina. Le preparé un té. Mientras lo hacía, ella empezó a contarme toda su vida con el doctor. Una bonita vida. Toneladas de amor, de éxito, de todo. Me mostró fotografías familiares y algunas cartas. Su incredulidad iba en aumento. ¿Éste es
el hombre que ustedes acusan de traficar con niños pobres?, ¿para vender sus ojos, su médula, sus pequeños órganos apenas desarrollados? O ustedes están locas o la loca he sido yo todos estos años. Quince años conociéndolo y queriéndolo. Por favor, dígame, ¿quién está insana, usted o yo? Así gritaba la infortunada en la cocina de mi casa, pobre y pequeña, que apenas resistía tanto ruido e intensidad. Las dos estamos locas, señora, respondí con voz firme, las dos. Porque nadie nos crió para imaginar que existen seres humanos que pueden ser buenos y malos a la vez. Terminé de decirlo y me di cuenta de que nunca había pensado en eso. Ella se derrumbó sobre la mesa. Lloró en silencio.
El tribunal tiene su verdad, usted tiene la suya, agregué. Quizá la vida es así, dos verdades corriendo juntas como dos cauces paralelos que desembocan en un mismo río. Levantó los ojos como si mis palabras en algo la consolaran. Y antes de partir repitió varias veces: ¿qué les digo a mis hijos si resulta culpable, cómo enfrento a mis hijos?
Al menos tiene hijos a los que enfrentar, no se los han robado, comentó
airada Olivia cuando se lo conté al día siguiente. ¿Tienes pena por ella?, me preguntó, mirándome fijo. Le hablé de esas caritas en la fotografía, de esos pobres hijos. Olivia se impacientó. Ojo con la debilidad, me dijo en un tono muy seco, aquí no cabe. |
|